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Escrito por Administrator   
Miércoles, 16 de Septiembre de 2009 18:12

Domingo Universal de Misiones

Iglesia Misionera: Luz de Cristo para el mundo

 

Este 18 de octubre de 2009, se celebra la Jornada del Domingo Universal de Misiones, una gran oportunidad para recordar a los más de 200 misioneros chilenos que han dejado su patria para evangelizar en otros países y continentes. Es también justo rendir un tributo a los misioneros extranjeros que han llegado a Chile con el mismo fin. Ambas realidades posibilitan un intercambio de espiritualidad misionera que enriquece tanto a la Iglesia Universal como local.

Las Obras Misionales Pontificias tienen como tarea primordial abrir a las Iglesias locales a la realidad de la misión y a las necesidades de la Iglesia Universal. En la revista “Chile Misionero” hemos destacado siempre a los hombres y mujeres de esta patria, que han partido fuera de Chile a misionar, como una manera de incentivar a otros a seguir el ejemplo y como parte de la política de animación misionera.

Sin embargo, en el llamado que ha surgido en Aparecida a la Misión Continental, el CELAM está pidiendo también acompañar a los misioneros que han llegado al continente americano. El padre Jorge Vega, director nacional de las OMP Chile, explica: “Nosotros hemos procurado siempre hablar de nuestros misioneros fuera pero también hay que validar y reconocer a quienes han venido a Chile, saber quiénes son, dónde están, qué están haciendo, en qué se encuentran trabajando. A  partir de esto hemos decidido como Obras Misionales Pontificias en Chile para esta Jornada Universal de Misiones plasmar, por ejemplo, en el afiche que acompaña el Domingo Universal de Misiones, este gran servicio misionero que estamos recibiendo de tantos misioneros extranjeros que están en Chile”.

Agrega: “El año pasado animados por la Misión Continental hubo un encuentro de directores de Obras Misionales con personas del CELAM,  primero en Puerto Alegre – Brasil y después en Colombia. En estas reuniones se pidió desde el CELAM acompañar también a los misioneros que llegan al continente y en nuestro caso a Chile. Por eso, también estamos realizando un catastro de los misioneros que han llegado a nuestro país consultando con las diócesis, congregaciones o movimientos eclesiales respecto del número de misioneros que han venido desde fuera a servir en nuestra Iglesia chilena. Actualmente sabemos que desde Chile a los cinco continentes son más de 200 los misioneros que han partido, pero desde el extranjero a Chile no manejamos cifras concretas”.

El director nacional de las OMP aclara: “Hay que reconocer que la participación de los misioneros extranjeros es de una riqueza invaluable y siento que nosotros como Iglesia estamos en deuda. Ellos comparten una espiritualidad que traen desde sus propios países. Están presentes en muchos lugares donde nosotros los chilenos en nuestra propia tierra no hemos llegado, por ejemplo, en poblaciones complejas, campos y zonas rurales”.

-¿A qué lo atribuye?

“Hay que considerar que el personal consagrado apostólico de Chile es más bien reducido, por tanto, sin el apoyo extranjero que hemos recibido no podríamos hacer mucho. Vivir todos juntos muestra también la universalidad de la Iglesia. Pensemos que tenemos misioneros en Chile que vienen de Europa y América, y en esta última década han llegado hermanos de Asia, Oceanía, y África, esto muestra la universalidad y riqueza de la Iglesia. La Iglesia necesita de este ir y venir de misioneros no solamente por el tema de aumentar la cantidad de personal con el cual se pueda contar sino fundamentalmente para que también se dé un ir y venir de espiritualidad misionera, de compartir la vida eclesial. Si nos cerramos y no recibimos a nadie nos vamos a empobrecer como Iglesia, y si nosotros no aportamos misioneros debilitaremos a la Iglesia universal y no será fecunda en Cristo”, responde el padre Jorge Vega.

MISIONERAS FRANCISCANAS DE MARÍA: PRONTAS A RECIBIR COMO A DAR

El afiche que este año hemos publicado para celebrar la Jornada del Domingo Universal de Misiones 2009 (DUM), muestra a las hermanas Misioneras Franciscanas de María en distintos trabajos que como extranjeras están realizando en Chile. Cabe destacar que como ellas son muchas otras las congregaciones que evangelizan en nuestro país.

La hermana Soledad Cruz, actualmente Provincial de la región Chile-Bolivia, nos cuenta que las primeras misioneras Franciscanas de María que llegaron a Chile fueron seis y arribaron en 1904.

“Nuestro carisma es la misión que encierra fundamentalmente una actitud espiritual interior de disponibilidad de ir a cualquier parte del mundo a vivir con ellos el amor de Dios en sus ambientes”, dice.

Se distinguen por vivir en comunidades internacionales de manera muy sencilla, a lo franciscano, para manifestar que es posible la reconciliación entre los pueblos. “No es fácil, pero se consigue con la gracia de Dios”, acota.

En Chile se encuentran actualmente 45 religiosas. 24 de ellas son extranjeras. En el mundo son cerca de siete mil hermanas, y están presentes en 75 países y en los cinco continentes: África (22 países); América Latina (14 países); Asia (18 países); Oceanía (un país) y Europa (20 países).

“Trabajamos según las necesidades de la gente donde estamos. Actualmente en Chile abordamos áreas como la salud, la educación, la pastoral social, la migración, la cárcel, y el trabajo con las asesoras del hogar”, agrega la Provincial.

La hermana Soledad es de nacionalidad española, quien estuvo antes 14 años en Perú y desde 1979 llegó a Chile, a la población San Joaquín, en Santiago. Después partió a Iquique y a Valdivia, luego vuelve por tres años a Roma,  regresa a Arica y por ahora está en Santiago.

Actualmente tiene como tarea en conjunto con el Consejo la animación espiritual, la formación y administración de la Provincia. “Nuestras Constituciones tienen un artículo justo en el capítulo de la misión tan precioso que vale mencionarlo: ‘somos enviadas a cualquier parte, prontas a recibir como a dar’ y este es -humildemente lo digo, mi ideal”. “Cualquier cristiano, cualquier creyente, incluso alguno que no lo sea pero que tiene una rectitud de intención, va dejando frutos en su vida, no hay vida inútil, no hay vida que no siembre, la cosa es buscar siempre el bien dando y recibiendo.

 

ROSTROS EN EL AFICHE

La hermana Nirmala Bethala, oriunda del estado de Andhra Pradesh al sur de la India, lleva 24 años en la congregación, y desde 1995 está en Chile. “Nuestra fundadora dice que cualquier trabajo que hace una hermana es misión porque es un servicio de amor y por amor, así se disfruta y se hace con gusto. Yo soy de profesión Asistente Social pero estoy feliz llevando por ahora las cuentas. Esta experiencia me abre también otros mundos que tienen que ver con lo empresarial. Ahí también hay dolor, hay necesidad de una mano amiga, de un corazón abierto, de una palabra cálida, de una sonrisa amable y mi tarea es presentar todo esto a través de la oración delante del Señor y en comunidad todos los días rezamos por quienes se confían en nuestras oraciones.

“La oración debe acompañar siempre el camino del misionero, para que el anuncio de la Palabra resulte eficaz. Me siento feliz por todo lo que puedo recibir y dar en Chile, señala contenta.

La hermana Gosia  Zima, es del suroeste de Polonia, y su primera misión fue en Lyon, Francia, donde trabajó acompañando a jóvenes y adultos jóvenes.

“Siendo inmensamente feliz con todo lo que hacía allá, interiormente sabía que me faltaba algo y pedí ser enviada algún día a América y aquí estoy, llevo muy poquito tiempo. Chile es mi primer acercamiento a la cultura latinoamericana. Agradezco infinitamente a mi comunidad religiosa. Me han ayudado en todo para que me sienta una más de ellas, integrándome día a día en las diversas labores.  La gente ha sido muy acogedora, sencilla, abierta, alegre, es como si me conocieran de siempre”, testimonia a “Chile Misionero”.

Para la hermana Carmen Rosa Jiménez, nacida en Medellín, Colombia, y con 17 años en la congregación, estos siete años en Chile han sido de mucho trabajo en poblaciones como La Bandera, en Punta Arenas, y en Santiago, principalmente en el hospital de la Universidad de Chile: “En mi calidad de trabajadora de la salud me corresponde recibir a los enfermos, les preparo para pabellón, y además les puedo brindar un acompañamiento a nivel sicológico y espiritual a ellos y sus familia”, explica.

“La misión es un proceso dentro de la Iglesia y del mundo que siempre necesita preparación, libertad, disponibilidad y mucha entrega para ir a cualquier campo donde uno quiera servir. Hablamos de una misión universal, por tanto si yo ahora estoy aquí en Chile, aquí debo vivir y hacer presencia, estar, compartir, acompañar a la gente. Más que pensar en grandes proyectos, la misión para mí hoy es principalmente acompañar”.

Respecto a la misión ad gentes, declara que “es lo más hermoso que uno puede vivir, te enriquece, te compromete, te ayuda a crecer, fortalece tu fe y tu amor a los demás sin importar raza ni cultura”.

Ella vive con dos hermanas chilenas, dos polacas, una peruana, una española y una colombiana. “Vivir en una comunidad internacional lo veo y lo valoro como una riqueza porque son aportes espirituales, culturales, políticos, que cada una entrega y que aprendiendo a conocerlos se vive muy bien”.

Lo mismo opina la hermana Arulmary Durairaj, que lleva en Chile seis años, de los cuales tres estuvo en Arica, en la frontera con los migrantes y desde el 2007 trabaja en Santiago también con los migrantes. Su primer destino en 1993 fue Bolivia, donde ayudó a capacitar a mujeres aymaras.

Para ella la misión es llevar alegría y esperanza a la gente que lo necesita anunciándoles que Dios les ama en medio de las dificultades. “Él en la oscuridad es Luz, salvación, alegría. Yo me siento muy realizada como misionera. Me fascina trabajar muy cercana a la gente. Sabemos que los ámbitos de la misión son variados, pero lo mío es la gente pobre, sencilla.  Ahora estoy con las mujeres migrantes aquí en Chile y estoy muy feliz de poder aportar con mi granito de arena en esta sociedad que está llena de migrantes, de gente que va en busca de una mejor vida de un lugar a otro. Este es un nuevo rostro de los pobres de nuestro siglo. Me siento contenta de poder responder a esta necesidad del mundo”, declara.

Le gusta especialmente la apertura del país: “Hoy por hoy ya existen muchos países en el mundo que ni siquiera te puedes acercar. Chile aún tiene sus fronteras abiertas y existe una política de acogida y apertura a los migrantes desde el gobierno y eso habla muy bien de Chile”, concluye.

Como se puede apreciar en los testimonios de las Misioneras Franciscanas de María, muchas de ellas, religiosas extranjeras presentes en nuestra nación desde 1904, compartir su fe en nuestro país es la mayor riqueza de sus vidas. Se declaran ciento por ciento felices y lo principal como congregación es compartir que “Dios es amor”.