| Comentario Mensaje DUM 2009 |
|
|
|
| Escrito por Administrator |
| Viernes, 28 de Agosto de 2009 21:15 |
|
“UNA IGLESIA MISIONERA, SIN CONFINES Y SIN FRONTERAS” (Un comentario al Mensaje DUM 2009) Fr. Luis Alberto Nahuelanca M, ofm El Papa Benedicto XVI ha escrito, con motivo del Domingo Universal de Misiones, un exhortativo mensaje tendiente a reavivar en la vida de todos los cristianos y de sus correspondientes Iglesias Locales, “la conciencia del mandato misionero de Cristo de hacer ‘discípulos a todos los pueblos’ (Mt 28,19), siguiendo los pasos de san Pablo, el Apóstol de las Gentes” (Mensaje DUM 2009). Se trata de un tema prioritario, urgente e impostergable: la misión a todos los pueblos. El Papa misionero Juan Pablo II lo expresó con especial énfasis en su encíclica Redemptoris Missio, sobre la permanente validez del mandato misionero: “la misión se halla todavía en los comienzos y debemos comprometernos con todas nuestras energías” (RM, 1), es “una actividad primaria de la Iglesia, esencial y nunca concluida” (RM, 31). Esto nos lleva a centrarnos en el horizonte esencial de la existencia cristiana, el objetivo fundamental de una comunidad de creyentes. El Papa Benedicto XVI lo expresa con suma claridad: “la misión de la Iglesia es en efecto iluminar con la luz del Evangelio a todos los pueblos en su camino histórico hacia Dios, para que en El tengan su realización plena y su cumplimiento” (Mensaje DUM 2009). El motivo por el cual existe un DUM, es precisamente, para no apagar esta conciencia; es para volver a centrarnos en lo fundamental (evangelizar), concentrarnos en lo que el Maestro nos dice (su Evangelio) y así, con renovada “ansia y pasión”, descentrarnos para salir con la libertad y la alegría de sabernos enviados (misión) hacia los caminos del mundo, sin confines y sin fronteras. Crecer en esta sensibilidad y mentalidad es siempre una tarea para toda una vida cristiana, la cual comporta generosa conversión, honda espiritualidad y gratuita donación. Nuestra Iglesia, en Chile, acoge la llamada del Espíritu a ser “Una Iglesia Misionera: luz de Cristo para el mundo”, como lo expresa el lema que se ha elegido para celebrar, con renovado entusiasmo el DUM 2009; una propicia ocasión de reencantamiento misionero y de generosa apertura para dar gratuitamente de lo mucho que ha recibido. LA LLAMADA DE LA HUMANIDAD: La misión de la Iglesia no se mueve en razón de intereses presentistas y mediáticos. Ella es movida por un horizonte de trascendencia, por el imperativo de la caridad, único criterio mediante el cual ella acoge la llamada de la humanidad y hace camino en la historia, para visibilizar el designio amoroso del Padre, que quiere que todos sus hijos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1 Tim 2,4). La humanidad tiene una vocación radical de Dios, su fuente y su destino, “el único en Quién encontrará su realización final mediante la restauración de todas las cosas en Cristo” (Mensaje DUM 2009) y una sed incesante de esperanza. Cuando el cristiano se pregunta por su misión debe conectar con esta sintonía: “la ciencia del amor”, la única que nos posibilita iluminar y “contagiar”. Iluminar con la antorcha de la fe los caminos del mundo y contagiar en esta caminata la incesante sed de esperanza que la humanidad tiene. He aquí un gran desafío: el mundo necesita “profetas de sentido”, mujeres y hombres con las lámparas llenas y encendidas de una irradiante vida de Dios y una decidida voluntad por el Reino y su justicia. Esta doble fidelidad, el designio de Dios y su Reino y el camino histórico de la humanidad, forja la identidad de un discípulo misionero con “valentía apostólica”. UNA IGLESIA EN CAMINO: La comodidad, el estancamiento, la pasividad y el inmovilismo matan la pasión por el Reino en la vida de los cristianos y de sus comunidades locales; se apagan las “antorchas”, se “amarran” las barcas con las redes a la orilla del lago y se detienen las “sandalias” de los pies del peregrino; todo se vuelve oscuro y claustral. Sólo la misión vuelve la vitalidad a nuestras Iglesias, las renueva y las mueve hacia horizontes y destinatarios nuevos; las saca del enclaustramiento para mostrarle los rostros de la humanidad que llaman, especialmente la humanidad de los pobres y excluidos, los ancianos y los jóvenes, los que han perdido el sentido de la vida y las esperanzas para volver a recomenzar. Nuestros obispos Latinoamericanos y del Caribe, con la fuerza de la profecía, han exhortado, en el nombre de la caridad, a que nuestras Iglesias locales, no se “alejen de los grandes sufrimientos que vive la mayoría de nuestra gente y que, con mucha frecuencia, son pobrezas escondidas. Toda auténtica misión unifica la preocupación por la dimensión trascendente del ser humano y por todas sus necesidades concretas, para que todos alcancen la plenitud que Jesucristo ofrece” (Aparecida, 176). Necesitamos recuperar hoy, como comunidad de discípulos misioneros, la disponibilidad, la itinerancia y la amorosa cercanía hacia nuestro pueblo, pobre y sencillo. Necesitamos volvernos “misioneros a pie”, “livianos de equipaje”, encontradizos en lo cotidiano, seducidos por el Evangelio de la caridad, hablando a todos con la “ciencia del amor” y sanando con “el remedio de la misericordia”. Sólo esto “contagia” y “atrae”. SIN CONFINES Y SIN FRONTERAS: La misión universal, “sin confines y sin fronteras”, debe convertirse, para todos los cristianos y sus comunidades locales, en “una constante fundamental”. Resalta el Papa en su Mensaje al DUM: “Anunciar el Evangelio debe ser para nosotros, como lo fue para el apóstol Pablo, un compromiso impostergable y primario”. Misión y servicio, a la que están llamados todos los miembros de la Iglesia, a corresponder con decidida valentía, entusiasmo y generosidad. En este Año Sacerdotal, bien vale la pena recordar la misionariedad de la vocación de nuestros pastores, los primeros en contagiar “ardor contemplativo” y “pasión misionera”, en sus respectivas comunidades. ¡Pueblos todos, abrid las puertas a Cristo! Expresaba con gran entusiasmo Juan Pablo II. “Su Evangelio no resta nada a la libertad humana, al debido respeto a las culturas, a cuanto hay de bueno en cada religión” (RM 2). Se trata del Evangelio del amor, que busca transformar el mundo, “los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad” (Evangelii Nuntiandi, 19). La misión de la Iglesia no es neutral, necesariamente toca la historia humana, el corazón del hombre, se compromete con todos los procesos históricos de liberación, de búsqueda de la justicia, de la paz, de verdadera libertad y respeto de la dignidad de cada ser humano. La misión del Reino comporta profecía y martirio. Ninguna cultura, ningún pueblo de la tierra es impermeable al Evangelio, por tanto, debemos acoger, una vez más, la llamada del Pastor a “renovar el compromiso de anunciar el Evangelio, que es fermento de libertad y progreso, de fraternidad, de unidad y de paz (Cf Ad gentes, 8), a toda humana creatura, desde su camino histórico y su mundo social y cultural. Esta tarea, dice el Papa, “constituye la misión esencial de la Iglesia (Evangelii Nuntiandi, 14). Una tarea y misión cada vez más compleja por los diversos procesos que vive la sociedad actual, frente a los cuales no podemos “pasar de largo”. Nada de lo humano le es indiferente a un misionero del Reino. MISIONEROS Y TESTIGOS DEL EVANGELIO: En el Mensaje al DUM 2009, se hace un especial recuerdo a todos aquellos “que han hecho de sus vidas una exclusiva consagración al trabajo de la evangelización”; a aquellos misioneros y misioneras, que hoy testimonian con valentía y con la fuerza irradiante de sus vidas llenas de Dios, el Evangelio del Amor, “en situaciones de persecución, con formas de opresión que van desde la discriminación social hasta la cárcel, la tortura y la muerte” (Mensaje DUM). “No obstante estas adversidades, dice Pablo VI, la Iglesia reaviva siempre su inspiración más profunda, la que le viene directamente del Maestro: ¡A todo el mundo!, ¡A toda creatura!, ¡Hasta lo confines de la tierra!” (Evangelli Nuntiandi, 50). La fidelidad de la Iglesia a la misión encomendada por el Maestro, pasa necesariamente por estos momentos de pasión, de dolor y de cruz. La vida cristiana se hace fecunda y heroica en estas circunstancias. La historia del cristianismo esta sembrada de estos episodios y del heroísmo de sus fieles. “La Iglesia, dice el Papa Benedicto XVI, sigue el mismo camino y sufre la misma suerte de Cristo, porque no actúa según una lógica humana o contando con las razones de la fuerza, sino siguiendo la vida de la Cruz y haciéndose, en obediencia filial al Padre, testigo y compañera de viaje de esta humanidad” (Mensaje DUM). Cuando todo se torna fácil en el camino de la misión, nos volvemos cómodos y seguros; perdemos el fervor y la osadía de los comienzos… CON LA FUERZA DEL ESPÍRITU, “ QUE SOPLA DONDE QUIERE”: En las palabras conclusivas del Mensaje DUM, el Papa reafirma, lo que un misionero nunca debe olvidar: “la evangelización es obra del Espíritu”. Un tema muy presente en la reflexión misionera del Papa Juan Pablo II (Redemtoris Missio, cap III) y muy particularmente, en el camino misionero de la Iglesia Latinoamericana. En el Documento Final del III Congreso Americano Misionero (Cam 3) podemos leer: “El Espíritu Santo impulsa a la misión, abre caminos que pueden parecer incomprensibles, actúa en la humanidad, en su historia, desde el fuego del Amor con lenguaje comprensible, signos concretos, manifestaciones: tales como solidaridad, dignidad, liberación y realización plena del ser humano, de la familia humana en todo nivel. Convoca a la “Misión en el Continente” y del Continente Americano para todo el mundo” (n. 63). Acojamos la invitación del Pastor de orar al Espíritu para que aumente en la Iglesia la pasión por la misión de difundir el Reino de Dios, sostenga a los misioneros y misioneras, suscite comunión espiritual y de bienes entre las Iglesias, especialmente, a través de la necesaria ayuda que cada cristiano-católico ofrecerá, generosamente, en el día Domingo Universal de las Misiones, para que a ningún misionero, en cualquier lugar del mundo, falte, en su esforzado trabajo evangelizador, la ayuda necesaria y así todos los pueblos de la tierra puedan conocer a Jesucristo, su Palabra y la Vida que en abundancia nos ofrece. Que la Madre del Misionero del Padre acompañe nuestro camino misionero. |


